10
April
2020
By Julia Vera
Partner & Managing Director

From “overtourism” to “infratourism" in a post COVID-19 World: Thoughts and ideas to overcome the crises

*** This article is only available in Spanish, thank you for your understanding ***

Quién nos iba a decir que, después de haber volcado nuestras más fervientes energías en renegar del sobreturismo, íbamos a pasarnos el año 2020 suspirando por volver a reconquistar la libertad de viajar. El COVID-19 ha conseguido difuminar con un soplido la animadversión que la extraordinaria evolución del turismo había ido generando en la opinión pública, haciendo visibles de nuevo las virtudes de una actividad económica que en realidad es mucho mas. 


La industria turística, que en España aporta un 12% al PIB, es una industria que florece a la sombra de la paz, de la libertad y del progreso. Solo cuando las condiciones económicas y sociales se prestan a ello, puede el turismo prender en todo su esplendor como motor de generación de riqueza, entendimiento y aprendizaje intercultural. La crisis del COVID-19 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de estas condiciones, que creíamos sólidas y arraigadas. Quién les iba a decir a los habitantes de Venecia que echarían de menos a las hordas de turistas que fastidiaban con su presencia su rutina diaria. Quién nos iba a decir a los madrileños que echaríamos de menos las largas colas de visitantes del Museo del Prado, auténtica barrera humana entre el arte y nuestro disfrute. Quién iba a convencer a los vecinos del centro de Barcelona de que las venas de la ciudad necesitaban de esos ruidosos vecinos para mantener vivo el corazón de la ciudad. 


El COVID-19 lo ha cambiado todo. Y ahora toca pensar. ¿A qué escenarios nos enfrentamos después del confinamiento? ¿Qué va a ser de las miles de empresas y de los millones de empleos que dependen de la actividad turística? ¿Qué tenemos que hacer para retomar el pulso y sostener el tejido económico que alimenta nuestros territorios? ¿Cómo podemos aprovechar esta crisis para corregir errores pasados y convertir este paso atrás en uno que, en lugar de hundirnos, nos permita tomar impulso? 


Las voces del sector coinciden en que el turismo será el último sector económico en recobrar su aliento. La temporada de verano está perdida y solo podemos mirar al turismo nacional como solución para frenar la hemorragia. El turismo internacional tardará en regresar, y lo hará únicamente si jugamos bien nuestras cartas. Urge por tanto articular un plan a cortomedio y largo plazo que nos permita prepararnos para dar el pistoletazo de salida cuando llegue el momento, encontrándonos en la mejor posición posible. Desde Travelecoology, pensamos que las acciones que marcarán la diferencia giran entorno a 3 ejes estratégicos:


1) Apostar por el ecoturismo como modelo de calidad y diferenciación de nuestros destinos, asociando su oferta al disfrute de entornos saludables. El ecoturismo pone en valor los espacios naturales en un momento en el que la conexión entre salud y naturaleza se hace testimonio entre la comunidad científica. Y nos transmite una idea de un tejido social bien cohesionado, en el que el turismo es sinónimo de riqueza distribuida y por tanto de seguridad.  En un escenario post COVID-19, el ecoturismo puede y debe ser además sinónimo de destinos no masificados, con un menor riesgo de contagio. Ahora que los presupuestos públicos de marketing turístico se resentirán y sufrirán recortes cuando más necesarios son, saber dónde poner el acento a la hora de promocionar nuestros destinos será más importante que nunca. Facilitar e incentivar la conexión y disponibilidad de transporte público seguro hacia los destinos de ecoturismo más remotos desde los aeropuertos y núcleos urbanos, también.

2) Generar confianza entorno a nuestra capacidad para habilitar y sostener espacios libres de COVID-19. El concepto de “duty of care” adquirirá un valor extraordinariamente importante tras el confinamiento. Las aerolíneas, los hoteles, las empresas de alquiler de vehículo, los restaurantes, los lugares de ocio, todos tendrán que demostrar que han adoptado las medidas necesarias para garantizar un entorno salubre para sus clientes. El fracaso de un eslabón de la cadena significará el fracaso del conjunto. Los destinos tendrán que remar juntos para garantizar que cumplen con las condiciones necesarias para ofrecer garantías sin fisuras al turismo internacional, si quieren que éste vuelva y que lo haga cuanto antes. La capacidad para realizar pruebas de contagio entre los profesionales del sector turístico, utilizar la tecnología para garantizar la trazabilidad de la infección y expedir pasaportes sanitarios a los establecimientos -acreditados por entidades independientes que le otorguen fiabilidad-, será clave para ganar la confianza de los mercados emisores.

3) Proteger el activo que mayor resiliencia y vivacidad aporta a nuestros destinos: nuestros tejidos de proveedores de experiencias. Los proveedores de experiencias de ecoturismo (surfbuceorutas en barco, kayak, avistamiento de cetáceos, ciclo-turismo, etc.) se caracterizan por ser micro-empresas que apuestan por la interpretación natural y cultural, por la cercanía y por el trato personalizado como elementos centrales de su propuesta de valor. Estas micro-empresas, además de contribuir a elevar el gasto del turista en destino, están muy arraigadas en el territorio y son las que permiten mantener los destinos vivos en temporada baja, utilizando sus infraestructuras y equipamientos para dar servicio a los habitantes de sus poblaciones. Mantienen su actividad durante gran parte del año ofreciendo sus experiencias a particulares, escuelas, empresas de incentivos y a otros públicos distintos a los movilizados en temporada alta. Estas micro-empresas son las que menos músculo financiero tienen para resistir el impacto de la crisis. Sin embargo, son también las que más pueden contribuir a recuperar una actividad económica sostenida para el territorio durante todo el año. En un escenario post COVID-19, dominado por la limitación de aforos y aglomeraciones, estas empresas son además las que pueden contribuir a dar alas a la experiencia del visitante, especialmente los más jóvenes. Un segmento que ganará relevancia por su menor exposición al contagio.  Apoyar al tejido experiencial debe ser una de las prioridades de los gestores de destinos turísticos, ayudándoles por supuesto de entrada con la exención del pago de licencias, impuestos y tributos hasta que puedan retomar y remontar su actividad. Pero ayudándoles sobre todo ahí donde son más débiles: en la promoción y comercialización de sus actividades. A continuación algunas ideas:

  • De cara al verano: sumar esfuerzos con redes ya existentes, que trabajan para dar visibilidad comercial a tales empresas. Además, apostar por que las agencias de promoción turística y las oficinas de turismo sean también de manera efectiva oficinas de apoyo comercial para el tejido de empresas que ofrecen experiencias, superando los límites fáciles que las agencias de promoción turística se auto-imponen para no hacer más, escudándose en su carácter público.

  • De cara al otoño, cuando quizás empecemos a ver los primeros brotes de regreso del turismo de reuniones, incentivos y congresos (MICE, en sus siglas en inglés): coordinar esfuerzos para que en la parrilla de propuestas brillen con luz propia los productos y servicios de estas empresas, innovando en los formatos de comercialización de su oferta. Coordinar esfuerzos para que, más adelante, además, con la llegada de los primeros turistas internacionales, un visitante deseoso de realizar una actividad no se encuentre con la ventanilla cerrada, por falta de clientes mínimos para llevarla a cabo. Esto exige de un sector organizado bajo un liderazgo que rara vez se sostiene si no es con esquemas de colaboración público-privada.

  • En cuanto sea posible: iniciar las gestiones necesarias para promover y subvencionar el desarrollo de “semanas azules” de deportes de mar y naturaleza para incentivar desde la administración pública la realización de actividades escolares seguras y saludables, apoyando una “vuelta al cole” que contribuya también a sostener la actividad del sector hasta el repunte del turismo internacional.

Si conseguimos que el COVID-19 no ahogue los pulmones del turismo, si conseguimos dar oxígeno al sector, estaremos sosteniendo una industriaclave para nuestra economía. Con las acciones adecuadas, estaremos contribuyendo además a que de esta crisis emerja un sector turísticomás estructuradomejor organizado y con mayor capacidad para sostener la transición haciadestinos turísticos de mayor rentabilidad, mejor cohesión social y de menor presión ambiental.